miércoles, 2 de agosto de 2017

UN TANGO MÁS***, DE GERMAN KRAL CON PRODUCCIÓN DE WIM WENDERS


Título original: Our last tango. Director: Germán Kral. Intérpretes: Juan Carlos Copes y María Nieves.Producción ejecutiva: Wim Wenders.


María Nieves Rego (81) y Juan Carlos Copes (84) -ella, empleada doméstica; él, electrotécnico- se conocieron en una milonga de Buenos Aires, cuando ella tenía catorce años y él diecisiete, a finales de los años 40. A partir de ese encuentro, bailaron juntos durante casi cincuenta años. Desde los clubes de barrio porteños y a bailar en Broadway, revolucionando, en el camino, el tango-danza. Durante todo ese tiempo se amaron, se odiaron, pasaron por varias separaciones dolorosas, pero siempre volvieron a bailar juntos. En Un tango más Juan Carlos Copes y María Nieves le cuentan su historia a un grupo de jóvenes bailarines y coreógrafos de tango de Buenos Aires, que transformarán los momentos más bellos y dramáticos de sus vidas, en increíbles coreografías de tango. Una historia que merecía un documental.



“Filmar una película en la que Copes y Nieves aparecieran juntos era casi imposible, pero lo logramos”, se enorgullece Germán Kral, que ya había tratado el tango con El último aplauso (2009), sobre los cantores del bar El Chino. Para este documental tierno y triste, a ratos apasionado y otros rencoroso, este director formado en Alemania contó con la producción ejecutiva de Wim Wenders y, con la colaboración de los integrantes de una de las parejas de tango más reputadas de todos los tiempos. Cada uno por su lado, van recorriendo su historia, desde el encuentro en la pista del Estrella de Maldonado y el nacimiento del “estilo Copes” en los bailes de Atlanta, hasta la ruptura artística en 1997.

      
                 María Nieves Rego (81) y Juan Carlos Copes 


Nieves tiene más apariciones y es la que lleva en mayor medida el hilo conductor; los dos -vitales octogenarios- hablan sin rodeos y dejan frases memorables, conmovedoras, graciosas. “Fuimos la pareja del siglo XX y del XXI también”, dice ella, y al rato agrega: “Si volviera a nacer, haría todo igual… Menos estar con Juan”. Él la define así: “Encontré mi Stradivarius”, y de esta forma se hace su propio retrato. En todos esos años se han amado y odiado, se separaron y volvieron juntos. Él la abandonó por una mujer más joven con la que formó una familia y ella dice hoy que volvería a hacer todo de nuevo, aunque sin él, puesto que “no vale la pena llorar toda la vida por un hombre”.



Gran parte de sus testimonios surgen de charlas con los bailarines que los representan en su juventud, en recreaciones que complementan el rico material de archivo. Esas entrevistas y las imágenes de la trastienda de esas reconstrucciones históricas son un acierto. Para completar el cuadro, la música -de Luis Borda, el Sexteto Mayor y Gerd Baumann- y las coreografías son de primer nivel. Y algo fundamental: la cámara capta las miradas, la pasión, el drama, el sentimiento del baile, ese sentimiento que Copes y Nieves llevaron a su máxima expresión.

Wim Wenders, con su voz personal ya sea a través de proyectos propios como el aclamado documental Pina, sobre la coreógrafa Pina Bausch o con la voz de sus cómplices artísticos como el fotógrafo brasileño Sebasti­­­­ao Salgado (La sal de la tierra) o ahora su discípulo, el argentino Germán Kral (Un tango más), lleva varios años seguidos deslumbrándonos con magníficas historias.

El cineasta alemán, nacido en Düsseldorf en 1945, es considerado uno de los más influyentes e innovadores, con trabajos como El miedo del portero ante el tiro penal y El amigo americano, entre otras. Wenders, quien a pesar de haber sido postulado al Oscar en tres ocasiones nunca ha ganado la anhelada estatuilla dorada, recibe de todos modos muchos otros reconocimientos, tal como la retrospectiva que el MoMA le dedicó en marzo pasado y la exposición de sus fotografías de paisaje en el Museo Kunstpalast, en su ciudad natal.

En febrero 2017 ganó un Oso de Oro en la Berlinale, en premio a su obra polifacética y a su dilatada y prolífica trayectoria artística, con más de 40 filmes, el primero de los cuales fue Verano en la ciudad, cuando Wim tenía apenas 25 años y el más celebrado de los cuales fuera sin duda El cielo sobre Berlín, más conocido como Las alas del deseo, donde el entrañable Bruno Ganz y el ya fallecido Otto Sander (1941-2013) leían dentro de nuestras cabezas con singular alegría y desparpajo.

Entre el sinnúmero de premios figuran varias Cintas de Oro, el León de Venecia y la Palma de Oro de Cannes. Su parodia de películas del Lejano Oeste Llamando a las puertas del cielo, también con guión con Sam Shepard (el guionista de París, Texas), fue ovacionada en el festival francés en 2005 con veinte minutos de aplausos.

En el contexto musical también tiene proyectos con el cantante irlandés Bono. Juntos producirán una película que contará con la participación del músico Willie Nelson en el papel protagónico, que se titulará Waiting for the Miracle to Come, narrará la historia de una joven que, al morir su padre, halla una carta en la que él le decía que fuera a buscar oro a Texas. La dirección estará a cargo de Lian Lunson, que también escribió el guión y Bono, el carismático líder de U2, compondrá una canción para la banda sonora.

German Kral nació en Buenos Aires en 1968 y se trasladó a Alemania en 1991 para estudiar cine en la Munich Film School. Él vive en la actualidad entre las dos ciudades. Entre 1993 y 1996 ya trabajó con Wim Wenders en la película A Trick of the Light. Magnificent 7 Festival – Serbia, 2016



          María Nieves Rego y Juan Carlos Copes en pleno éxito

miércoles, 21 de junio de 2017

TESTIGO****

Título original: La Mécanique de l'ombre. Director: Thomas Kruithof. Guión: Yann Gozlan, Thomas Kruithof. Intérpretes: François Cluzet, Denis Podalydès, Sami Bouajila, Alba Rhorwacher. Productora: Música: Grégoire Auger. Fotografía: Alex Lamarque. País: Francia-Bélgica. Año: 2016. Duración: 88 min. Género: Suspense, thriller político. Público: Adolescentes y adultos.


Un enigmático hombre de negocios se pone en contacto con Duval (François Cluzet) para ofrecerle un trabajo sencillo y bien remunerado: transcribir escuchas telefónicas. Duval es un hombre conciso y obsesivo, que perdió su empleo hace dos años y aún sigue en paro cuando recibe una misteriosa llamada con esta oferta de trabajo. Sin pensarlo dos veces, acepta ese oficio. Pero, ¿para quién trabaja exactamente? Poco a poco empieza a sentirse en peligro y recibe varias amenazas que podrían poner en peligro su vida. Solo deberá hacer frente al difícil mundo del trabajo en la sombra y del complot político.

El oscuro trabajo le llega en un momento de proceso de reconstrucción personal, de búsqueda de apoyo en Alcohólicos Anónimos. Duval, el protagonista de esta historia, representa lo kafkiano. ¿Será capaz de tomar decisiones o será simplemente un empleado ciego? La inexpresividad del gesto que François Cluzet imprime a su personaje encaja armónicamente con una apuesta de estilo minimalista, que sabe capturar la opresiva asepsia de los nuevos entornos laborales y el punto débil de este thriller, que, por su autoimpuesta naturaleza elíptica, no habilita ángulos ciegos para camuflar las claves de su enigma.


Ya tenemos dos aspectos dramáticos en juego: la precariedad laboral y el thriller político, con sus mentiras, manipulaciones y extorsiones sin escrúpulos.

En su debut como director, Thomas Kruithof toma en cuenta  La conversación (1974) de Francis Ford Coppola como modelo, aunque no es la única referencia. Cuando la trama enfrenta al protagonista con una grabación en la que escucha su propia voz, el sustrato kafkiano empieza a flirtear con los obsesivos juegos de desdoblamiento propuestos por Philip K. Dick. Testigo, no obstante, no logra preservar por mucho tiempo su juego de incertidumbres y, en sus tramos finales, parece que el engranaje total tiene sus insuficiencias, sin dejar de ser un thriller interesante y opresivo.



Testigo (La mécanique de l’ombre) se sitúa en la tradición del mejor cine de suspense, con un plus despersonalizado y amoral. El director novel Thomas Kruithof añade una dimensión del cine social contemporáneo, que se suma a las propuestas de Costa-Gavras, Ken Loach o Stéphane Brizé. Tanto François Cluzet (Duval) como Denis Podalydès (Clément), Sami Bouajila (Comandante Labarthe) y Alba Rohrwacher (Sara) realizan unas interpretaciones soberbias. A ellos hay que añadir a un ilustre secundario, Simon Abkarian, al que todos recordamos por el papel de marido de Viviane Amsalem en la película de Ronit y Shlomi Elkabetz. Abkarian interpreta a Gerfaut, un cruel personaje que busca lo mismo que Clèment y Labarthe, pero desde un estatus más bajo, lo que le obliga a mancharse las manos directamente. 

En esta lucha entre seres sin escrúpulos, Duval intenta preservar sus principios, convirtiéndose en la principal víctima. Algo que también sucede en las obra de Loach, Costa-Gavras y Brizé, así como, de forma más próxima, en el día a día de nuestras ciudades. 

sábado, 3 de junio de 2017

PARAÍSO****

Título original: Rai/Paradise. Director: Andrey Konchalovsky. Guión: Elena Kiseleva, Andrey Konchalovsky. Intérpretes: Yuliya Vysotskaya, Christian Clauss, Philippe Duquesne, Peter Kurth,  Jakob Diehl, Viktor Sukhorukov, Vera Voronkova, Jean Denis Römer, Caroline Piette. Productora: DRIFE Productions / Production Center of Andrei Konchalovsky. Música: Sergey Shustitskiy. Fotografía: Aleksandr Simonov (B&W). País: Rusia. Duración: 130 min. Año: 2016. Género: Drama. Público: Adultos.


Olga, Jules y Helmut son tres personajes cuyas vidas se entrecruzan en la multiforme devastación de la Segunda Guerra Mundial y del holocausto nazi.



La acción comienza en 1942, en la Carcel de Fresnes, Francia. Olga, una aristócrata rusa miembro de la Resistencia, ha sido arrestada por tratar de dar refugio a dos niños judíos; Jules, un francés amante de la buena vida y colaboracionista policía que a pesar de su apariencia campechana se ha convertido en un corrupto y despiadado funcionario nazi y que accede a salvar a la mujer a cambio de sexo; y Helmut, miembro de una alta familia alemana convertido en oficial de las SS que ejerce su poder sin importarle las consecuencias morales, y muy devoto de Hitler.

Motivados por la devastación que provoca el conflicto, cada personaje es obligado a tomar decisiones vitales según la ideología que sustentan. La novedad de la propuesta de Konchalevsky es el formato: los personajes hacen tres confesiones a corazón descubierto, expresando ante un tribunal que no vemos lo hiriente, lo mezquino, lo culpable y lo lúcido serpenteando por entre la experiencia y la conciencia humana. Recovecos morales y éticos puestos ante cámara. Tres confesiones que se entrecruzan con flashbacks de la historia, pero que desnudan el juicio personal de cada conciencia sobre sí mismo, y que tienen una hondura existencial que exige ser sopesada con calma.



                        
                          Christian Clauss como Helmut

La aridez formal con que los hechos son narrados desgrana los móviles de las conductas. Paraíso es cine en estado puro. Un paraíso en la tierra es lo que pretendió Hitler eliminando seres humanos porque no eran arios, para hacer perfecta a la humillada Alemania presumiblemente. O más bien el paraíso "es mantener un último esfuerzo para demostrar que más allá del mal hay esperanza porque existe el amor".

                          
                          Yuliya Vysotskaya como Olga

La película de Konchalovsky, sin artificios, rodada en blanco y negro, bebiendo en los clásicos como Tarkovsky, o la interrupción brechtiana como herramientas narrativas es el reflejo de un siglo XX lleno de grandes ilusiones, pero transformado en ruinas por los peligros de esa atroz retórica del odio. "Es imprescindible por ello que la Humanidad utilice el poder del amor para triunfar sobre la maldad”, afirma el cineasta ruso.

Paraiso es el autoexámen del horror, del compromiso o la colaboración, del sinsentido del superhombre y de la culpa. El hastío de vivir muertos en vida como fantasmas, o de arriesgar por pura honestidad íntegra.


Konchalovsky sostiene: “Lo sucedido es una advertencia que debe ser continuamente recordada. Fue posible que sucediera y es posible que vuelva a ocurrir en cualquier momento y sólo podremos prevenirla mediante el conocimiento. El peligro reside en nuestra incapacidad por indagar, en la urgencia por olvidar y en la incredulidad de que eso realmente fuera posible…”





Rodada en exquisita sutileza, con una potente estética de contrastes, Konchalovsky consigue una obra absorbente concebida originalidad y desnudez, que desciende al fuero interno, al corazón de las acciones y de las relaciones humanas.

Paraiso ha recibido este elenco de premios y nominaciones: 

2016 Festival de Venecia: Mejor director
2016 Festival de Gijón: Mejor actriz, fotografía y Premio del Jurado Joven
2016 Festival de Mar del Plata: Mejor guión - Astor de Plata

2016 Satellite Awards: Nominada a Mejor película de habla no inglesa

sábado, 27 de mayo de 2017

I´M NOT YOUR NEGRO*****

El escritor James Baldwin cuenta la historia del movimiento afrocamericano en la América moderna, en forma de extensión de su libro sin terminar "Remember This House". Una mirada lacerante y dolorosa, brillante, a un conflicto que no acaba, por la mirada errada que hace ver no hombres y mujeres, sino "negros".


La voz de Samuel L. Jackson rescata las furiosas palabras de Baldwin, mientras el implacable trabajo de montaje de Alexandra Strauss abole toda distancia temporal entre el entonces y el ahora. Los tópicos de la feliz e incompleta e injusta América, y la segregación. El origen desenmascarado: no querer ver, no querer conocer y reconocer a otros seres humanos.



Una poderosa propuesta que es algo así como un ensayo inspirado en un texto inacabado; un ensayo visual de alto arte cinemátográfico. Un Oscar a Mejor Documental bien merecido.Biografía y ensayo, documento gráfico y visual, un poema lleno de lirismo y belleza sangrante.


Un regalo para la humanidad este escritor que se tuvo que ir de su país para volver a meterse en harina, al aullido más punzante por sus amigos muertos a causa de la más elemental dignidad, reclamando justicia a todos.



I´M NOT YOUR NEGRO*****

Director: Raoul Peck. Guión: Raoul Peck (Sobre la novela de James Baldwin Remember This House. Productora: Velvet Film. Fotografía: Henry Adebonojo, Bill Ross IV, Turner Ross. Música: Aleksey Aygi. País: EE.UU. Año: 2016. Duración: 96 min. Género: Documental. Público: Todos.
KING ARTHUR: LEGEND OF THE SWORD***

La leyenda del Rey Arturo es una historia que siempre ha fascinado en el mundo de la ficción, porque es leyenda. En esta ocasión, Guy Ritchie esta ocasión la aborda en un mix que mezcla la épica de El señor de los anillos, Kill Bill y los videojuegos. Quizá lo mejor es la música.


El audaz Arturo (Charlie Hunnam) es un joven que se ha criado y vive en las calles de Londinium, actual Londres, donde dirige a su pandilla por los callejones de la ciudad. Su vida da un giro inesperado al toparse con la espada Excalibur, que marcará su futuro. Será entonces cuando Arturo se vea obligado a tomar algunas decisiones difíciles. Por un lado, tendrá que aprender a dominar esta espada y los poderes que conlleva. Además, se encontrará con nuevos personajes como una joven misteriosa llamada Guinevere (Astrid Bergès-Frisbey), y con nuevos retos como defender al pueblo de la tiranía del malvado Vortigem (Jude Law). 

                             Arturo (Charlie Hunnam)

Cuando descubre que la sangre real corre por sus venas, Arturo tiene la oportunidad de retomar su reino cuando posa sus manos en Excalibur, la espada que ningún hombre en el reino a podido sacar de la piedra, hasta ahora. Esta misión le excede, pero su ímpetu y la responsabilidad de derrotar a Vortigem le llevarán a aceptar su destino de Rey guerrero.

Con esta clásica premisa el director Guy Ritchie nos presenta una cinta extraordinariamente compleja visualmente donde se mezclan géneros y formas, rayando el caos. El director hace honor a sus trabajos pasados y nos presenta un relato lleno de mágicos monstruos, alquimia y criaturas de imposibles proporciones, además de una edición en ocasiones abrupta.

                            El rey Vortigem (Jude Law)

La historia comienza con elipsis de la niñez de Arturo en menos de cuarenta segundos,y después da inicio el despropósito, lleno de efectos visuales increíbles, que rebajan el romanticismo y el aura que ha envuelto hasta hoy al personaje del Rey Arturo, pero si no se va al cine con demasiadas expectativas, desengrasa en su desmesura. 

El elenco está encabezado por Charlie Hunnam, Jude Law hace un trabajo impecable a la hora de interpretar al malvado Rey Vortigem; Eric Bana y Djimon Hounsou de igual forma cumplen con cualquier expectativa, también están los extras glorificados de Game of thrones.

El director británico Guy Ritchie (Operación U.N.C.L.E., Sherlock Holmes: Juego de sombras, RocknRolla) se pone detrás de las cámaras para revivir esta nueva versión cinematográfica de la clásica historia del Rey Arturo. Sus protagonistas son Charlie Hunnam (La cumbre escarlata, Hijos de la Anarquía), Astrid Bergès-Frisbey (El sexo de los ángeles, Piratas del Caribe. En mareas misteriosas), Djimon Hounsou (La leyenda de tarzan, Fast & Furious 7), Jude Law (El gran hotel Budapest, Anna Karenina), y Eric Bana (Líbranos del mal, El único superviviente).

ARTHUR: THE LEGEND OF SWORD

Director: Guy Ritchie. Guión: Joby Harold, Guy Ritchie, Lionel Wigram. Intérpretes: Charlie Hunnam, Jude Law, Eric Bana, Hermione Corfield, Astrid Bergès-Frisbey. Productores: Atlas Entertainment, Warner Bross. Montaje: James Herbert. Fotografía: John Mathieson. Música: Daniel Pemberton. Vestuario: Annie Symons. país: EE.UU. Año: 2017. Duración: 126 min. Público: Todos.

sábado, 22 de abril de 2017

CINE DE PRIMAVERA. LOVING***

Título original: Loving. Director: Jeff Nichols. Guión: Jeff Nichols, basada en 'The Loving Story’ de Nancy Buirski. Intérpretes:Joel Edgerton, Ruth Negga, Michael Shannon, Marton Csokas. Productora: Raindog Films, Big Beach, Augusta Films y Tri-State Pictures. Música: David Wingo. Fotografía: Adam Stone. Montaje: Julie Monroe. País: EE.UU. Año: 2016. Duración: 123 min. Público: Adolescentes y adultos.

La historia real de Mildred y Richard Loving, una pareja que se casó en Virginia en 1958. Debido a la naturaleza interracial de su matrimonio, fueron arrestados, encarcelados y exiliados. Durante una década la pareja luchó por su derecho a regresar a casa.


Loving es una película humilde, de habla suave y relato contenido, que cuenta con dos de las mejores interpretaciones estadounidenses en años, las de Joel Edgerton y Ruth Negga.



Un drama de conciencia social que minimiza su importancia de una manera admirable, contando una historia real sobre un matrimonio interracial ilegal en la América de los 50, que es sencillo y honesto. 

Edgerton interpreta a Richard con una nobleza estoica, mientras que Negga apunta la fuerza tranquila y radiante de Mildred. 


Nichols narra una injusticia –uno de los casos entre muchos conocidos y desconocidos- que provocan ira y frustración sin recurrir a los monólogos o al melodrama como herramienta cinematográfica. No hay lugares comunes ni archivisitados sobre el racismo, ni un dramatismo que hubiera resultado fácil. Ambos protagonistas son caracteres llenos de fuerza tranquila, con el pleno apoyo en la potencia de su cariño profundo y compartido.

'Loving' es una película sin pretensiones sobre gente sencilla, discretamente devastadora por su vivencia real, que  camina con los ritmos de la historia y del corazón. Sutileza del relato sangrante sin ofender y sin estridencias. El resultado es una pieza clásica, conmovedora, extremadamente pudorosa y deslumbrante.



Jeff Nichols es un narrador fiable, de corte clásico, contenido, sutil, comprensivo con sus personajes. Un contador de historias honrado y sugerente desde la ausencia de artificio.


Dos personajes muy bien interpretados: la mirada tranquila, inteligente y cálida de la esposa, la maravillosa Ruth Negga; y la conformidad luchadora y estoica de Edgerton, junto al estilo de Nichols. Un ejercicio de humildad discreto y humanista, que subraya y agiganta la sobria dignidad de sus protagonistas.

sábado, 4 de marzo de 2017

SILENCE****

Director: Martin Scorsese . Guion: Martin Scorsese y Jay Cocks, a partir de la novela de Shusaku Endo. Intérpretes: Andrew Garfield, Adam Driver, Liam Neeson, Tadanobu Asano, Yosuke Kubozuka, Ciarán Hinds, Issei Ogata. 162 min. Adultos.

Silence (Silencio) trata sobre dos sacerdotes jesuitas, Rodrigues y Garupe, que se enfrentan a una violenta persecución cuando viajan al Japón de la segunda mitad del siglo XVII en busca de su desaparecido mentor el padre Ferreira, de quien se rumorea, renunció a su fe bajo tortura. Les guiará Kichijiro, que abjuró de la fe cuando toda su familia fue masacrada.


Arrecia la persecución con numerosos mártires y muertes sin sentido. Violenta es poco: violencia psicológica, violencia física, extorsión hasta la náusea de la libertad de creencia y de la libre opción vital. La historia real de la intolerancia más brutal y de la oposición más enconada y a toda costa para que la fe cristiana no arraigase en Japón, una de las páginas más negras y dolorosas en la historia del país.

La autojustificación nipona para el rechazo total y cruel es –en ese momento histórico- (y sólo con respecto a la fe cristiana, no con respecto a otros elementos externos culturales, sociales y económicos que llegaron a las islas) que Japón es una ciénaga donde no nace nada más que lo ancestral y propio, lo demás se pudre. Scorsesse realiza un acercamiento al hambre de creer, también allí, entre los japoneses (aparentemente fruto de esa ciénaga), que no dudan ser mártires, y el valiente gesto de tantos misioneros y sacerdotes que se hicieron uno con ellos siendo también mártires. Su mirada bascula entre que “tampoco hay que exagerar” al creer o que la religión es algo interior y privado (¿vale lo mismo la opción solo interna que la interna y externa cristiana?), y la crítica a los curas que claudican frente a los fieles que dan la vida por su fe, cantando himnos a Dios, mientras se ahogan clavados en cruces esperando el capricho y la furia del mar: por cierto, no mueren por los sacerdotes sino por Cristo, alabándole y sabiendo que les recibirá en el Paraíso.


Andrew Garfield, Adam Driver en los papeles de los jesuitas Rodrigues y Garupe

Silence, es un proyecto vital retrasado en el tiempo por múltiples razones, entre otras, la intensidad del relato y las múltiples lecturas que la hacen una película muy compleja. Dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Andrew Garfield, Adam Driver, Tadanobu Asano, Ciarán Hinds y Liam Neeson, finalmente se rueda la película en Taiwán entre enero y mayo del 2015.

Inspirada adaptación de la novela de Shusaku Endo a cargo de Martin Scorsese, quien firma el guion con Jay Cocks: no asumía este rol desde 1995 con Casino, lo que da idea de que nos encontramos ante un proyecto muy personal. No en balde, y según su propia confesión, la idea de la película le ronda en la cabeza desde 1989, el año en que descubrió la obra de Endo, tras ser fuertemente contestado por La última tentación de Cristo, mirada tosca y parcial a la misión redentora de Jesús.

En Silence hay una visión más trabajada y honda del cristianismo, aunque curiosamente habla de los fracasados. Robert Barron, Obispo auxiliar de Los Angeles, ha afirmado sobre esta película: “Me pregunto si Shusaku Endo (y tal vez Scorsese) nos están invitando a apartar la mirada sobre ese maravilloso grupo de laicos, piadosos, dedicados y pacifistas que mantuvieron viva la fe cristiana bajo las condiciones más inhóspitas imaginables y que en el momento decisivo dieron testimonio de Cristo con sus vidas. Sé que Scorsese muestra el cadáver de Rodrigues dentro de su ataúd agarrado a un pequeño crucifijo, lo que prueba, supongo, que el sacerdote permaneció, en cierto sentido, siendo cristiano. Pero ésa es justamente la clase de cristianismo en la que se complace la cultura de hoy: un cristianismo totalmente privado, escondido, inofensivo”. 



Scorsese ha interiorizado los temas propuestos por una novela difícil y oscura, pero también esperanzada, que aborda la idea de predicar el evangelio y no ser entendidos por personas de distinto bagaje cultural, con esquemas mentales muy diversos: esa “ciénaga de Japón”, donde las raíces de lo plantado se pudren. Por lo que ha manifestado en alguna entrevista, el cineasta parece además haberse visto reflejado en los misioneros que, a veces, no logran hacerse entender, algo que a él también le habría ocurrido con su modo de abordar la figura de Cristo 30 años atrás.

Sorprende la fidelidad de Scorsese a Endo, que pinta con acierto la sencillez de los campesinos y su fe elemental y recia, que les lleva a confiarse a los “padres”. También el tremendo dilema de rechazar la fe por las torturas infligidas a los fieles con que amenazan los perseguidores, con la sofisticación más cruel de tortura psicológica y emocional, que afecta tanto a los nativos como a los misioneros. En el caso de los segundos, la tentación es más cruel y con muchas capas, pues la amenaza de matar a los fieles, independientemente de que abjuren o no, pesa sobre los jesuitas, que salvarían sus vidas si lo hicieran ellos. El silencio de Dios hace la prueba aún más difícil. Una de las cuestiones que explora el film es el de a qué llamamos fortaleza, y a qué debilidad, algo muy presente en la relación que se forja entre Rodrigues y Kichijiro, poderosamente presentada en la pantalla: el primero busca el rostro de Jesús y hablar con Él, es su modelo, pero imitarlo puede suponer pretender suplantarlo; el otro se atormenta por su flojera a la hora de sostener sus creencias, y piensa que en otras circunstancias habría sido un buen cristiano. 


                        El padre Rodrigues y Kichijiro

Un acercamiento al poliédrico corazón humano, que de verdad sólo conoce Dios. Las decisiones y circunstancias tormentosas, las dudas, el miedo, las contradicciones, el sufrimiento indecible. El drama del ser humano. 

Técnica muy habitual en Scorsese, recurre a la voz en off. La narración del padre Rodrigues, a la que sustituye en el último tramo la de un comerciante holandés, aunque muy presente, no fatiga, y tiene su lógica. Quizá porque el ensamblaje de las piezas del guion es perfecto, y porque las imágenes son muy bellas: la fotografía de Rodrigo Prieto sabe conceder al relato enorme poderío visual con el uso inteligente de la luz, la niebla y el humo, sin colisionar con la abundancia de palabras, que a veces son sustituidas por lo que vemos.

Los actores saben prestar humanidad, y por tanto, espiritualidad, a sus personajes. Andrew Garfield y Adam Driver, que interpretan a los dos jóvenes jesuitas, han destacado el mismo año por Hasta el último hombre  y Paterson; pero también Liam Neeson –el padre Ferreira– y todos los secundarios japoneses, especialmente Yosuke Kubozuka, Yoshi Oida y Shinya Tsukamoto, encarnando al apestado y a dos ancianos venerables.
          
       Liam Neeson, el padre Ferreira

Charles Moeller, en su monumental obra Literatura del siglo XX y Cristianismo ya recalcó que no se puede entender la literatura de ese siglo sin tener presente tal complejidad: “En cierto sentido, Dios nos habla sin cesar. En otro sentido, guarda silencio. Si conocemos el designio general de su providencia, ignoramos todo lo que se refiere a sus caminos particulares. El confiarnos a la fe es aquí nuestra única actitud cristiana” (tomo I, pag. 23).

A principios de los años setenta se produjo en Japón un curioso fenómeno de proliferación de obras literarias, novelas sobre todo, de signo cristiano. En la obra de este autor se reflejan las contradicciones de una aventura literaria que sufre problemas de identidad por intentar adaptar el cristianismo a la mentalidad japonesa.
Shusaku Endo nació en Tokio en 1923. En plena adolescencia se convirtió al catolicismo —junto con su madre— cuando sus padres se divorciaron. Su licenciatura en literatura francesa le permitió conocer el mundo literario occidental y profundizar con admiración en la obra de François Mauriac y Georges Bernanos, dos escritores católicos que, como él, escriben sugerentes páginas, en las que el espíritu religioso aletea sobre las angustias y los fracasos de las personas.