sábado, 4 de marzo de 2017

SILENCE****

Director: Martin Scorsese . Guion: Martin Scorsese y Jay Cocks, a partir de la novela de Shusaku Endo. Intérpretes: Andrew Garfield, Adam Driver, Liam Neeson, Tadanobu Asano, Yosuke Kubozuka, Ciarán Hinds, Issei Ogata. 162 min. Adultos.

Silence (Silencio) trata sobre dos sacerdotes jesuitas, Rodrigues y Garupe, que se enfrentan a una violenta persecución cuando viajan al Japón de la segunda mitad del siglo XVII en busca de su desaparecido mentor el padre Ferreira, de quien se rumorea, renunció a su fe bajo tortura. Les guiará Kichijiro, que abjuró de la fe cuando toda su familia fue masacrada.


Arrecia la persecución con numerosos mártires y muertes sin sentido. Violenta es poco: violencia psicológica, violencia física, extorsión hasta la náusea de la libertad de creencia y de la libre opción vital. La historia real de la intolerancia más brutal y de la oposición más enconada y a toda costa para que la fe cristiana no arraigase en Japón, una de las páginas más negras y dolorosas en la historia del país.

La autojustificación nipona para el rechazo total y cruel es –en ese momento histórico- (y sólo con respecto a la fe cristiana, no con respecto a otros elementos externos culturales, sociales y económicos que llegaron a las islas) que Japón es una ciénaga donde no nace nada más que lo ancestral y propio, lo demás se pudre. Scorsesse realiza un acercamiento al hambre de creer, también allí, entre los japoneses (aparentemente fruto de esa ciénaga), que no dudan ser mártires, y el valiente gesto de tantos misioneros y sacerdotes que se hicieron uno con ellos siendo también mártires. Su mirada bascula entre que “tampoco hay que exagerar” al creer o que la religión es algo interior y privado (¿vale lo mismo la opción solo interna que la interna y externa cristiana?), y la crítica a los curas que claudican frente a los fieles que dan la vida por su fe, cantando himnos a Dios, mientras se ahogan clavados en cruces esperando el capricho y la furia del mar: por cierto, no mueren por los sacerdotes sino por Cristo, alabándole y sabiendo que les recibirá en el Paraíso.


Andrew Garfield, Adam Driver en los papeles de los jesuitas Rodrigues y Garupe

Silence, es un proyecto vital retrasado en el tiempo por múltiples razones, entre otras, la intensidad del relato y las múltiples lecturas que la hacen una película muy compleja. Dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Andrew Garfield, Adam Driver, Tadanobu Asano, Ciarán Hinds y Liam Neeson, finalmente se rueda la película en Taiwán entre enero y mayo del 2015.

Inspirada adaptación de la novela de Shusaku Endo a cargo de Martin Scorsese, quien firma el guion con Jay Cocks: no asumía este rol desde 1995 con Casino, lo que da idea de que nos encontramos ante un proyecto muy personal. No en balde, y según su propia confesión, la idea de la película le ronda en la cabeza desde 1989, el año en que descubrió la obra de Endo, tras ser fuertemente contestado por La última tentación de Cristo, mirada tosca y parcial a la misión redentora de Jesús.

En Silence hay una visión más trabajada y honda del cristianismo, aunque curiosamente habla de los fracasados. Robert Barron, Obispo auxiliar de Los Angeles, ha afirmado sobre esta película: “Me pregunto si Shusaku Endo (y tal vez Scorsese) nos están invitando a apartar la mirada sobre ese maravilloso grupo de laicos, piadosos, dedicados y pacifistas que mantuvieron viva la fe cristiana bajo las condiciones más inhóspitas imaginables y que en el momento decisivo dieron testimonio de Cristo con sus vidas. Sé que Scorsese muestra el cadáver de Rodrigues dentro de su ataúd agarrado a un pequeño crucifijo, lo que prueba, supongo, que el sacerdote permaneció, en cierto sentido, siendo cristiano. Pero ésa es justamente la clase de cristianismo en la que se complace la cultura de hoy: un cristianismo totalmente privado, escondido, inofensivo”. 



Scorsese ha interiorizado los temas propuestos por una novela difícil y oscura, pero también esperanzada, que aborda la idea de predicar el evangelio y no ser entendidos por personas de distinto bagaje cultural, con esquemas mentales muy diversos: esa “ciénaga de Japón”, donde las raíces de lo plantado se pudren. Por lo que ha manifestado en alguna entrevista, el cineasta parece además haberse visto reflejado en los misioneros que, a veces, no logran hacerse entender, algo que a él también le habría ocurrido con su modo de abordar la figura de Cristo 30 años atrás.

Sorprende la fidelidad de Scorsese a Endo, que pinta con acierto la sencillez de los campesinos y su fe elemental y recia, que les lleva a confiarse a los “padres”. También el tremendo dilema de rechazar la fe por las torturas infligidas a los fieles con que amenazan los perseguidores, con la sofisticación más cruel de tortura psicológica y emocional, que afecta tanto a los nativos como a los misioneros. En el caso de los segundos, la tentación es más cruel y con muchas capas, pues la amenaza de matar a los fieles, independientemente de que abjuren o no, pesa sobre los jesuitas, que salvarían sus vidas si lo hicieran ellos. El silencio de Dios hace la prueba aún más difícil. Una de las cuestiones que explora el film es el de a qué llamamos fortaleza, y a qué debilidad, algo muy presente en la relación que se forja entre Rodrigues y Kichijiro, poderosamente presentada en la pantalla: el primero busca el rostro de Jesús y hablar con Él, es su modelo, pero imitarlo puede suponer pretender suplantarlo; el otro se atormenta por su flojera a la hora de sostener sus creencias, y piensa que en otras circunstancias habría sido un buen cristiano. 


                        El padre Rodrigues y Kichijiro

Un acercamiento al poliédrico corazón humano, que de verdad sólo conoce Dios. Las decisiones y circunstancias tormentosas, las dudas, el miedo, las contradicciones, el sufrimiento indecible. El drama del ser humano. 

Técnica muy habitual en Scorsese, recurre a la voz en off. La narración del padre Rodrigues, a la que sustituye en el último tramo la de un comerciante holandés, aunque muy presente, no fatiga, y tiene su lógica. Quizá porque el ensamblaje de las piezas del guion es perfecto, y porque las imágenes son muy bellas: la fotografía de Rodrigo Prieto sabe conceder al relato enorme poderío visual con el uso inteligente de la luz, la niebla y el humo, sin colisionar con la abundancia de palabras, que a veces son sustituidas por lo que vemos.

Los actores saben prestar humanidad, y por tanto, espiritualidad, a sus personajes. Andrew Garfield y Adam Driver, que interpretan a los dos jóvenes jesuitas, han destacado el mismo año por Hasta el último hombre  y Paterson; pero también Liam Neeson –el padre Ferreira– y todos los secundarios japoneses, especialmente Yosuke Kubozuka, Yoshi Oida y Shinya Tsukamoto, encarnando al apestado y a dos ancianos venerables.
          
       Liam Neeson, el padre Ferreira

Charles Moeller, en su monumental obra Literatura del siglo XX y Cristianismo ya recalcó que no se puede entender la literatura de ese siglo sin tener presente tal complejidad: “En cierto sentido, Dios nos habla sin cesar. En otro sentido, guarda silencio. Si conocemos el designio general de su providencia, ignoramos todo lo que se refiere a sus caminos particulares. El confiarnos a la fe es aquí nuestra única actitud cristiana” (tomo I, pag. 23).

A principios de los años setenta se produjo en Japón un curioso fenómeno de proliferación de obras literarias, novelas sobre todo, de signo cristiano. En la obra de este autor se reflejan las contradicciones de una aventura literaria que sufre problemas de identidad por intentar adaptar el cristianismo a la mentalidad japonesa.
Shusaku Endo nació en Tokio en 1923. En plena adolescencia se convirtió al catolicismo —junto con su madre— cuando sus padres se divorciaron. Su licenciatura en literatura francesa le permitió conocer el mundo literario occidental y profundizar con admiración en la obra de François Mauriac y Georges Bernanos, dos escritores católicos que, como él, escriben sugerentes páginas, en las que el espíritu religioso aletea sobre las angustias y los fracasos de las personas.

miércoles, 1 de febrero de 2017

EL DÍA MÁS FELIZ DE LA VIDA DE OLLI MÄKI****

Título original: Hymyilevä mies (The Happiest Day in the Life of Olli Mäki). Director: Juho Kuosmanen. Guión: Mikko Myllylahti. Intérpretes: Oona Airola, Eero Milonoff y Jarkko Lahti. Fotografía: Jani-Petteri Passi (B&W). Música: Laura Airola, Joonas Haavisto, Miika Snåre. Productora: Aamu Filmcompany / ONE TWO Films / Tre Vänner Produktion AB. País: Finlandia. Año: 2016. Género: Drama. Público: Adultos.

El cineasta noruego Juho Kuosmanen presenta su primer largometraje en blanco y negro con la película El día más feliz en la vida de Olli Mäki, una metáfora con tintes de novela de Chejov, atravesada e influida por el cine de la nouvelle vague y del gran cineasta finlandés Aki Käurismaki, que transmite la inundante felicidad del amor por encima de otros proyectos. Aunque aparentemente habla de boxeo, se trata de una película que aborda la vida y el amor, no solo entre los protagonistas enamorados, sino hacia la vida e incluso los detalles más pequeños.



"Sin amor no hay motivos para hacer las cosas", "sin amor no hay motivos para nada" ha afirmado el director una entrevista concedida con motivo del estreno de este filme, un retrato en tono ligero y realista sobre Olli Mäki, quien ante la oportunidad de hacerse con el título de campeón del mundo de boxeo tuvo que afrontar también la experiencia del amor.
Kuosmanen no ha querido hacer un documental, y optó por el formato de 16 mm y el blanco y negro. Según ha explicado, de esta forma "se consigue atraer esa ligereza" y crear "un estilo íntimo". "Llegas a sentir que estás viendo material de esa época", ha dicho el director de esta película, ambientada en 1962, cuando Finlandia se prepara para organizar por primera vez un campeonato mundial de boxeo, con protagonistas reales.

               Jarkko Lahti, Olli Mäki

Lo que más fascina de esta historia es ver cómo cuando hay un gran nivel de expectación pública y empresarial incluso sobre la propia carrera en torno al protagonista, y cuando la gente espera que ocurra algo enorme, Mäki siguió fiel a sus propias prioridades, algo para lo que cree que "hay que ser muy valiente". Kouosmanen se sintió atraído por su manera de pensar, su planteamiento en la vida, lo que uno pierde y lo que uno gana", a su juicio "una manera divertida de plantear las cosas", y bastante inusual para una mentalidad educada para la renta y no para el humanismo y los verdaderos encuentros que te cambian la vida para siempre.

El actor que se mete en la piel de Olli Mäki es Jarkko Lahti, un "amigo" del cineasta y su vecino desde la infancia, que se considera "fan" del boxeador y cuya pasión le llevó a entrenar en este deporte durante cuatro años para dar vida a este personaje, y que bajó de peso en la vida real para dar credibilidad a la transformación de Mäki.

Olli Mäki, durante el verano del año 1962, aspiraba a convertirse en el campeón del mundo de peso pluma en boxeo. Además, allá por donde pasaba, fuese el campo o las calles de Helsinki, le auguran un gran futuro repleto de éxitos. Experimentó la soledad del aspirante a héroe, la presión sobre su corazón y sobre sus aspiraciones. Parecería que lo único que tiene que hacer en la vida es adelgazar y concentrarse en conseguir su objetivo: ser el campeón del mundo. Sin embargo, su vida se ve trastocada cuando Olli se enamora de Raija. Kuosmanen demuestra un interesante manejo de la puesta en escena, en particular una estructuración muy pulida, un buen sentido del ritmo y una credibilidad que es el ingrediente imprescindible cuando uno quiere subirse al ring. Tiene varias escenas de una intimidad y lirismo maravillosas y sutiles.

                La novia, Oona Airola, Raija

Todas las expectativas reposan sobre los hombros y puños de Olli Mäki (Jarkko Lahti), un sencillo chico de pueblo que no encaja en ese mundo; "el panadero de Kokolla", excampeón de Europa amateur, con poca experiencia competitiva profesional (8 victorias en 10 combates), que se enfrentará a un duro adversario norteamericano que cuenta con 64 victorias en su palmarés, Davey Moore. Entrenado por el exboxeador Elis Ask (Eero Milonoff), que aprovecha la ocasión para ponerse bajo los focos mediáticos, Olli Mäki se enfrenta a un grave problema: ha descendido a la categoría peso pluma, y deberá adelgazar mucho en poco tiempo para situarse por debajo de los 57 kilos que permitirían el combate.

Filmada con gusto exquisito, la película logra un eficaz equilibrio entre secuencias verosímiles ligadas al deporte y sus complicaciones (el ring al aire libre, las sesiones de sparring, el arduo proceso de adelgazamiento, el combate final, la presencia invasora de la prensa, las relaciones entre Olli y Elis) y escenas llenas de ternura en el corazón de los bosques finlandeses, donde florece el amor de Olli y Raija. Un aroma de inocencia y de pureza que quiere preservarse en un mundo de bestias en el que la presión y la humillación siempre está al acecho. 




El día más feliz en la vida de Olli Mäki es ganadora de la sección Un certain regard de la pasada edición del Festival de Cannes y el Discovery Award en los premios del cine Europeo. Anteriormente se llevó en 2008 el tercer premio de la competición de películas estudiantiles de la Cinéfondation por Roadmarkers, antes de ganar el primer premio en 2010 por Painting Sellers, ha dado un merecido salto a primera línea en la sección Un Certain Regard del 69 Festival de Cannes con esta película estéticamente sencilla pero rotunda. 

viernes, 16 de diciembre de 2016

EL TESORO***

Retrato sobrio y sin aditamentos de dos personajes de la era postcomunista en Rumanía. Una historia sobre la búsqueda de un tesoro, casi un universal en la historia del ser humano, lugar frecuentado por la literatura. Un cuento sobre el anhelo de algo mejor que arregle nuestras vidas.



Costi es un joven padre de familia que vive en Bucarest. Le gusta leer las aventuras de Robin Hood a su hijo de 6 años por la noche, para que se duerma. Un día, su vecino le comenta que está seguro de que hay un tesoro enterrado en el jardín de sus abuelos. Si Costi le ayuda alquilando un detector de metales y acompañándole, compartirá el tesoro con él. Inicialmente escéptico, y a pesar de todos los obstáculos, Costi se dejará llevar por la aventura.


El tesoro, es el quinto largometraje del rumano Corneliu Porumboiu, una película moral, aunque sea una película de aventuras. Pero sus imágenes, son deliberadamente feístas, (como lo son la homogeneidad despersonalizada de los regímenes comunistas, o estalinistas) y conscientemente reiterativas, ambientadas en gélidas oficinas, desapacibles hogares, destartalados jardines y funcionales parques. La película de Porumboiu, el autor de la sensacional 12:08, al Este de Bucarest (2006), podría formar un magnífico díptico ético con la todavía en cartelera Los exámenes, de Cristian Mungiu.

Los dos directores habitan un país que pretende levantarse entre sus ruinas, una sociedad aquejada de la globalización de lo corrupto, del recelo y la suspicacia, de la sospecha, desde arriba hasta abajo, en la que la decencia y la honestidad adquiere una condición utópica. Y, sin embargo, uno se espera que detrás de cada pequeño conflicto moral de El tesoro, a la vuelta de cada ruptura de la integridad (un escaqueo en el trabajo, un atajo inconsciente para salir del atolladero económico, una burla legal...), anide una consecuencia entre negra y edificante, como un castillo de naipes que se va derrumbando. Pero no es así. El tesoro tiene la virtud de la continua ruptura de expectativas.



A través de planos fijos alargados en el tiempo, con una luz estudiada y casi teatral, con una ausencia (casi) total de música, únicamente una bellísima ráfaga final, en tono, faltaría más, de cine clásico de aventuras, y unas existencias grises y desamparadas, la película es otra muestra más de hacia dónde se sigue dirigiendo el Nuevo Cine Rumano. Esa ansiada verdad.

El tesoro es una radiografía de la sociedad rumana, la del presente y la del pasado, que impresiona por su estado de asfixia, pero que ofrece una salida ética y una amplitud de lecturas a sus desvaríos cotidianos sin necesidad de discurso alguno. Un enfoque seco, sin artificios, de una estilización total y por eso, más expresivo. Porumboiu es un artista del despojamiento.


Y el despojamiento genera autenticidad y reflexión. No esperen ver una película de acción, tiroteos y persecuciones. El tesoro es algo más sordo y silencioso. El tiempo pasa lentamente y aun así te engancha. Como te engancha su final inesperado. Metáfora esperanzada de la utopía de una sociedad que acabará saliendo de sus cenizas con vitalidad y fuerza inusitadas.


EL TESORO***

Título original: Comoara/The Treasure. Director: Corneliu Porumboiu. Guión: Corneliu Porumboiu. Intérpretes: Toma CuzinAdrian PurcarescuCorneliu CozmeiCristina Cuzina TomaNicodim TomaDan ChiriacIulia Ciochina. Fotografía: Tudor Mircea. Productora: 42 Km Film / Les Films du Worso / Rouge International. País: Rumanía. Año: 2015. Duración: 85 min. Público: Todos.

lunes, 14 de noviembre de 2016

LA ISLA DEL VIENTO****

Director: Manuel Menchón. Guion: Dionisio Pérez, Manuel Menchón, José Javier Rodríguez. Intérprtes: José Luis Gómez, Enekoiz Noda, Ciro Miró, Ana Celentano, Victor Clavijo, Didier Roussel, Suamira Gil, Ruth Armas, Juan Carlos Tacoronte. Fotografía: Alberto D. Centeno. Edición: Alejandro Lázaro. Dirección de Arte: Estefania López-Peula. Diseño de sonido: Hernán Méndez, Martín Grignaschi, Lucas. Música: Santiago Pedroncini. Productores: Rafael Álvarez , Nacho Monge, Patrick Bencomo, Fito Pochat, Victor Cruz. País: España. Año: 2015. Duración: 105 min. Público: Todos.


Una pajarita de papel se convierte en el hilo que ensarta la historia de La isla del viento, el primer largometraje de ficción de Manuel Menchón (Málaga, 1977), director de cine que pertenece a una generación nacida ya en democracia. En el Diccionario de la Real Academia Española el significado de la palabra “cocotología”, con esta definición: “Del fr. cocotte “pajarita de papel” y –logía, término acuñado por Miguel de Unamuno”. “Arte de hacer pajaritas de papel”. El nombre de Miguel de Unamuno (1864-1936) cobra vida en el relato de Menchón al detenerse en un episodio clave en su vida y en la historia de España: el acto celebrado en el Paraninfo de Universidad de Salamanca, el 12 de octubre de 1936, Día de la Raza. A pesar de la intensidad dramática de los hechos nadie hasta ahora los había recreado en imágenes.

Salamanca, octubre de 1936.Don Miguel de Unamuno sufre un nuevo enfrentamiento de los muchos que ha tenido durante su vida. En este caso en la Universidad de Salamanca con el general franquista Millán Astray. Este hecho le supone la destitución inmediata como profesor y el arresto domiciliario hasta el final de sus días.

También se ha acercado Menchón previamente al retrato lúcido de Miguel de Unamuno durante su exilio en Fuerteventura por su oposición a la dictadura de Primo de Rivera en 1924, donde experimenta una transformación interior importante. En la soledad existencial que vive, Unamuno intentará nuevamente escribir “Don Quijote en Fuerteventura”, obra deseada desde que viviera en la isla el exilio que mereció por sus críticas al dictador Primo de Rivera. Mientras escribe, inmersos en los pensamientos de Unamuno, recorreremos con él su etapa en la Isla y entenderemos el verdadero significado que tuvo en su vida. Entenderemos cómo Don Quijote fue aplacado por las bondades de la gente y la dureza de un clima desconocido para él. Menchón viaja al terreno más íntimo y desconocido de Don Miguel de Unamuno, quien cobra vida gracias a la brillante interpretación de José Luis Gómez.

La imagen de Unamuno montado en un camello 1924 y otra imagen del escritor, sonriendo, con las manos atadas por una cuerda que lo unía a su compañero de destierro en Fuerteventura, el diputado Rodrigo Soriano. Un lugareño de Fuerteventura sostenía el extremo de la cuerda que encadenaba a  aquellos dos cautivos, en una escena que bien podría describirse como una parodia de los galeotes quijotescos. En las dos fotografías Unamuno no llevaba sombrero, a pesar del sol, calzaba unas alpargatas blancas y vestía su peculiar traje negro que le confería el aspecto de pastor protestante.

Condenado al destierro por el dictador, Unamuno pasará cuatro meses en Fuerteventura –del 10 de marzo al 9 de julio de 1924–. Sus vivencias en la isla y lo sucedido doce años después se enlazan en la película con la creación del personaje de Cala, una niña pobre e inteligente en Puerto Cabras, una joven que ha accedido a la educación, en Salamanca. Ella será la encargada de atesorar la pajarita de papel. “Todos los rapaces de Puerto de Cabras conservan y quieren a estas pajaritas de Unamuno”, escribía en 1924 un articulista en el periódico El Tribuno de Las Palmas

Unamuno transforma Fuerteventura en un lugar mítico, en símbolo de lo más auténtico de España, de la vida y de la libertad. El escritor dedica la primera parte de su libro De Fuerteventura a París (París, 1925) a Ramón Castañeyra, de Puerto Cabras: “¡Ay, mi querido amigo, cuanto viva mi alma y en la forma que viviere, vivirá en ella, (…), esa bendita isla rocosa de Fuerteventura donde he vivido con ustedes, los nobles majoreros, y con el Dios de nuestra España los días más entrañables y más fecundos de mi vida de luchador por la verdad!”.



El escritor recordaba la isla y a los que le habían acompañado en tertulias y paseos durante aquellos meses: “Dejé esa roca llorando. Es que dejaba en ella raíces en la roca y raíces de roca”. Y hacía dos promesas: “Volveré con el cuerpo, porque con el alma sigo ahí”. La otra promesa, en la que insiste en varias ocasiones, es la de escribir el libro que tratará sobre su cautividad y al que pondrá por título: “Don Quijote en Fuerteventura, ‘Don Quijote en camello a modo de Clavileño’”. Aquellos sonetos eran “un diario íntimo de la vida íntima de su destierro. En ellos se refleja toda la agonía –agonía quiere decir lucha– de su alma de español y de cristiano”.

En 1928 escribía “tampoco todos aquellos sonetos son de circunstancias políticas aunque todos ellos, hasta los que se podría llamar religiosos, y aún místicos, están inspirados por la actualidad política de mi España. ¡Actualidad política! La actualidad política es eternidad histórica y por lo tanto poesía”. O también sobre su llegada a la isla, Unamuno escribe: ¡Oh, fuerteventurosa isla africana,/ sufrida y descarnada cual camello,/ en tu mar compasiva vi el destello/ del sino de mi patria!”. Unamuno recoge en sus poemas las vivencias e impresiones cotidianas, como en el que escribe el 16 de mayo, “mientras enteramente desnudo tomaba baños de sol en la azotea del “Hotel Fuerteventura”, de Puerto Cabras”: “Al sol de la verdad pongo desnuda/ mi alma; la verdad es la justicia”.

En sus sonetos, el quejido: “¡Ay qué molino de viento/ Don Quijote de La Mancha,/ el que en mi Fuerteventura/ me molió el gofio del alma!”. O la referencia a la falta de agua en la isla: “¡Agua, agua, agua! tal es la magua/ que oprime el pecho de esta gente pobre”. Recorre la isla a lomos de un camello; visita, entre otros lugares, Betancuria y en un poema –“Enjalbegada tumba es Betancuria”– describe la austera tristeza, la blancura del pueblo y de la iglesia, donde se oían los rezos de unas majoreras tocadas con sus mantillas blancas. Toda su producción literaria tan amplia, es rico manantial para el excelente guión de La isla del viento, que tiene especial fidelidad “al paisaje del alma” sensible y poética, pero no olvida las anécdotas vitales y la dimensión política de su protagonista junto al sentido del cine como arte y entretenimiento. 
El gran actor de teatro y director de La Abadía José Luis Gómez da vida a Unamuno en una magistral e inolvidable interpretación. Alberto Centeno, el director de fotografía, capta la belleza de la luz y los paisajes isleños para convertirlos en un personaje esencial. Todo ello, –unido a la música, la dirección artística, los personajes secundarios que cumplan la función de dar la réplica al irascible y conmovedor Unamuno– nos demuestra que la creatividad, el trabajo en equipo, el empeño en contar una buena historia, no están reñidos con un bajo presupuesto.

A pesar de haber nacido en Bilbao, Unamuno, como una experiencia religiosa, descubre la mar en Fuerteventura, y llega “a una comunión mística con ella”. Si el 24 de mayo, contemplando el último retrato de su mujer escribe: “Eres tú, Concha mía, mi costumbre”, pues ella es su “baluarte”, su “más hondo consuelo”, a finales de junio escribirá: “Te has hecho ya, querida mar, costumbre”. Durante días, por la noche, Unamuno acudía a la costa “a ver si llegaba señal del barco francés que había de sacarme del confinamiento”. Y en un soneto del 25 de mayo leemos estos versos: “Ya como a propia esposa al fin te abrazo,/ ¡oh mar desnuda, corazón del mundo!”. En el barco, rumbo a Francia, recordará una carta de su “amigo del alma J. E. Crawford Flitch”, su traductor al inglés, que lo acompañó cuarenta días en la isla. Flitch hablaba de que ahora estaba regresando al “desierto de la civilización”, y sus palabras inspiran estos versos de Unamuno: “Un oasis me fuiste, isla bendita;/  la civilización es un desierto/ donde la fe con la verdad se irrita.”Con la ayuda M. H. Dumay, director de Le Quotidien, que había arreglado todos los detalles, Unamuno se había fugado de la isla. En un comentario escribe: “El día 9 nos evadimos y el 11 llegamos a Las Palmas, donde me reuní con mis hijos. Unos días antes, el 2 de julio, había llegado su amiga argentina Delfina Molina Vedia de Bastianini, mi amiga argentina, con su hija, y se fue el 6”.

En De Fuerteventura a París abundan los sonetos en los que Unamuno muestra su indignación ante la situación política. Alfonso XIII es a menudo objeto de su ira. Se burla de él por su cultura superficial, por ocultar en un supuesto casticismo su falta de rigor. Con Primo de Rivera, el “Ganso Real”, Unamuno se despacha a gusto en numerosos sonetos como este: “Fuera de tu casino, tu cotarro,/ no había mundo para ti, mastuerzo”, que finaliza así: “Vuelve a ser nadie ya, pero muy pronto,/ que si no hasta tus mismos asistentes/ te dirán: ¡Tonto! ¡Tonto! ¡Tonto!”.

Y en el comentario al soneto “No hay un puñado de tierra perdido”, referido al desastre de Marruecos, Unamuno escribe: “¡Tumbas! Eso es lo que hemos sembrado por el mundo; eso es lo que dejaremos en Marruecos: Que no será la cuna de ningún español que nos ensanche el cielo”. En París Unamuno continuará escribiendo sonetos combativos. En uno de ellos se lamenta por la muerte de unos jóvenes revolucionarios condenados a garrote vil; y se manifiesta contra la pena de muerte, a la vez que se burla de Alfonso XIII al que le parece que esta manera de aplicar la pena es muy humana pues se lleva a cabo sin “efusión de sangre”. 

Han pasado doce años de su destierro isleño. Es el 12 de octubre de 1936 y Unamuno, rector honorífico de la Universidad de Salamanca, sale de su casa para dirigirse al paraninfo de la Universidad, donde va a tener lugar un acto académico en conmemoración del Día de la Raza. En su bolsillo lleva una carta en la que la mujer del pastor protestante Aquilino Cocó, su amigo, le ruega que interceda por su esposo ante Franco. Para entonces, Unamuno, que había apoyado el golpe de estado militar, ya sabe que la misión de los golpistas no es defender la República, sino reprimir a sus oponentes. Ha sufrido el asesinato de queridos amigos como Casto Prieto Carrasco, alcalde republicano de Salamanca, y sabe que de nada sirve su intercesión con el generalísimo.

Unamuno siempre estuvo comprometido con la cuestión social. A finales del siglo XIX había ingresado en el PSOE y había escrito en publicaciones como La lucha de clases, de Bilbao. Cuando se proclamó la II República Unamuno es reconocido fuera y dentro de España como uno de los más grandes intelectuales. La República lo había nombrado “Ciudadano de Honor”. Pero Unamuno no se doblega ni se acomoda a las circunstancias. Abomina de los desmanes revolucionarios que condujeron a la quema de conventos. Critica la consideración de vascos y catalanes como nacionalidades oprimidas, lo que para él significa “envenenar la historia y falsearla”.

Conocemos lo que sucedió aquel 12 de octubre a partir de testimonios de testigos presenciales y de distintos estudios y análisis. En el estrado del paraninfo, se hallaba presidiendo la primera dama, Carmen Polo, pues su esposo se había convertido en Jefe de Estado hacía dos semanas. La sede oficial de Franco se ubicaba en el palacio arzobispal, cedido por monseñor Pla y Daniel, quien también ocupaba su puesto en el estrado, junto al general José Millán Astray, fundador de la Legión y responsable de la propaganda del Cuartel General del generalísimo Franco. Habló en primer lugar el decano de la Facultad de Filosofía y Letras, y a continuación el profesor Francisco Maldonado, quien se refirió a catalanes y vascos calificándolos, entre otras cosas, de “explotadores del hombre y del nombre español”. Unamuno sacó de su bolsillo un papel que desdobló –la carta de la mujer de Aquilino Cocó– y allí comenzó a anotar algunas  palabras. Después intervino, con un florido discurso, José María Pemán, intelectual invitado. No estaba previsto que Unamuno hablase pero, como él mismo dijo, le habían tirado de la lengua: 
“Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo he hecho otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. (…) Vencer no es convencer y hay que convencer sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión.


  
Y continuó hablando indignado por lo que se había dicho contra catalanes y vascos:

“Y yo, como sabéis nací en Bilbao, soy vasco y llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis. Eso sí es Imperio, el de la lengua española y no…”. Fue aquí cuando Millán Astray gritó: “¡Mueran los intelectuales!”; y también “¡Viva la muerte!”,  aunque el momento exacto varía según las versiones. En La isla del viento Manuel Menchón recrea admirablemente la tensión de la escena: “Os falta razón y derecho en la lucha. Es inútil pediros que penséis en España”, dice Unamuno, cuya exclamación “¡venceréis, pero no convenceréis!”, se hará famosa en todo el mundo. 


Magnífica escena de Jose Luis Gómez/Unamuno saliendo apresuradamente del Paraninfo de la Universidad de Salamanca

Después de aquellos hechos Unamuno vivirá confinado en su casa, bajo vigilancia, hasta el día de su muerte, el 31 de diciembre de 1936. Continuó trabajando hasta el final. Escribió apuntes para lo que sería su libro El resentimiento trágico de la vida. Volvió a la poesía y al soneto. El 21 de diciembre escribe: “Cuán me pesa esta bóveda estrellada/ de la noche del mundo, calabozo/ del alma en pena”. El último soneto está fechado el 28 “–día de inocentes–“ y acaba con el verso “del tiempo al fin la eternidad se adueña”.
La Isla del Viento participó en la sección oficial del XXX Festival Internacional de Cine de Mar de Plata, en noviembre de 2015. Se proyectó en el Festival de Cine de Málaga de 2016, el 23 y el 25 de abril, en la sección Premier. Y en el Festival de Cinéma de Mémoire Commune de Nador ha obtenido el Premio al Mejor Guión de Largometraje, y la Mención Especial del Jurado Científico. La película se estrenará en salas comerciales el 18 de noviembre de 2016.  

Aparece un personaje femenino, la argentina Delfina Molina, “Lo más increíble es que todo es verdad. Delfina Molina fue una poetisa, intelectual y sufragista argentina. Es muy interesante como personaje, pero tenía una visión de la realidad muy rara. Las cartas entre ambos se conservan. Las encontramos en el archivo de Salamanca y son muy romanticonas. Fue una relación epistolar de décadas. De parte de él dándole consejos literarios que ella interpretó como que era el amor de su vida”. Una de las escenas sucede en el paraninfo (salón de actos) de la Universidad de Salamanca donde Unamuno pronuncia un discurso clave: “Es real y todos los personajes históricos que aparecen en la escena también. No hay nada inventado. Fue lo que pasó y se rodó donde pasó”.“El que lo interrumpe gritando era José Millán- Astray, el creador de la legión extranjera española donde su segundo era Francisco Franco. El papel que tiene en la mano Unamuno era una intercesión de la esposa de un pastor protestante que le pedía por la vida de su marido acusado de masón. En ese papel escribió los apuntes como respuesta a los discursos fascistas que estaba presenciando. La secuencia se conservó taquigráficamente”, relata José Luis Gómez.

Gómez nos pone en el marco de lo que pasaba: “Millán- Astray quería matar a Unamuno, pero era el intelectual más importante español y tenía todos los medios extranjeros a su favor. Siempre estuvo en contra del poder, incluso fue nominado al Nobel, pero en aquél tiempo tenía que tener el apoyo del gobierno y no lo tuvo. Él apoyó el golpe de Franco porque creyó que la república se desmadraba tras el asesinato de Calvo Sotelo y la quema de conventos. Lo que hace en el paraninfo es un acto de expiación. Se dio cuenta que sus alumnos, los catedráticos y sus amigos eran fusilados. Delante del dragón se planta y se lo dice. Fue un acto cívico muy valiente. Carmen Polo, la esposa de Franco y el obispo de Salamanca lo ayudaron a salir porque si no las hordas se lo hubieran cargado allí y hubiera sido letal para el movimiento porque recién habían matado a Federico García Lorca”.

Gómez afirma que “Como hombre de teatro y cine tengo una relación seria con la gran palabra de los poetas, los grandes creadores, pero es raro encontrar en otra figura lo creativo y personal y unirlo a un coraje civil de una estatura extraordinaria. Era rigorista, juzgador, implacable, pero generoso. Es un Número 1 en la psicología gestáltica. El director me nutrió de muchísimo material. Y soy muy parecido. Le he dedicado mi vida a ser actor y director, pero no se puede hacer todo con técnica. En este caso el ángel bajó. Mi corazón lo sintió durante el rodaje”.

En tono clásico que a veces se torna declamatorio, La isla del viento toma el exilio de Miguel de Unamuno en un paraje desértico. Entre personajes y anécdotas reales, el realizador Manuel Menchón desliza comentarios sobre la educación de la época y la pobreza de aquellos que no pueden acceder ni siquiera a los recursos básicos, como el agua. El gran pilar de este filme es José Luis Gómez, quien carga el peso del personaje y lo encarna con soltura. Es en la penúltima escena cuando alcanza su cenit, con un discurso de alta actualidad. No se la pierda.

Apoyo documental, entrevistas a Unamuno de 1936

En entrevista a Tharaud, Unamuno declarará: “Tan pronto como se produjo el movimiento salvador que acaudilla el general Franco, me he unido a él diciendo que lo que hay que salvar en España es la civilización occidental cristiana y con ella la independencia nacional, ya que se está aquí, en territorio nacional, ventilando una guerra internacional. (...) En tanto me iban horrorizando los caracteres que tomaba esta tremenda guerra civil sin cuartel debida a una verdadera enfermedad mental colectiva, a una epidemia de locura con cierto substrato patológico-corporal. Las inauditas salvajadas de las hordas marxistas, rojas, exceden toda descripción y he de ahorrarme retórica barata. Y dan el tono no socialistas, ni comunistas, ni sindicalistas, ni anarquistas, sino bandas de malhechores degenerados, excriminales natos sin ideología alguna que van a satisfacer feroces pasiones atávicas sin ideología alguna. Y la natural reacción a esto toma también muchas veces, desgraciadamente, caracteres frenopáticos. Es el régimen del terror. España está espantada de sí misma. Y si no se contiene a tiempo llegará al borde del suicidio moral. Si el miserable gobierno de Madrid no ha podido, ni ha querido resistir la presión del salvajismo apelado marxista, debemos tener la esperanza de que el gobierno de Burgos tendrá el valor de oponerse a aquellos que quieren establecer otro régimen de terror. (...) Insisto en que el sagrado deber del movimiento que gloriosamente encabeza el general Franco es salvar la civilización occidental cristiana y la independencia nacional, ya que España no debe estar al dictado de Rusia ni de otra potencia extranjera cualquiera, puesto que aquí se está librando, en territorio nacional, una guerra internacional. Y es deber también traer una paz de convencimiento y de conversión y lograr la unión moral de todos los españoles para restablecer la patria que se está ensangrentando, desangrándose, envenenándose y entonteciéndose. Y para ello impedir que los reaccionarios se vayan en su reacción más allá de la justicia y hasta de la humanidad, como a las veces tratan. Que no es camino el que se pretenda formar sindicatos nacionales compulsivos, por fuerza y por amenaza, obligando por el terror a que se alisten en ellos, ni a los convencidos ni convertidos. Triste cosa sería que el bárbaro, anti-civil e inhumano régimen bolchevístico se quisiera sustituir con un bárbaro, anti-civil e inhumano régimen de servidumbre totalitaria. Ni lo uno ni lo otro, que en el fondo son lo mismo”, entrevista de octubre de 1936 recluido en su casa de Salamanca.

En entrevista concedida por Unamuno a Kazantzakis:

“En este momento crítico del dolor de España, sé que tengo que seguir a los soldados. Son los únicos que nos devolverán el orden. Saben lo que significa la disciplina y saben cómo imponerla. No, no me he convertido en un derechista. No haga usted caso de lo que dice la gente. No he traicionado la causa de la libertad. Pero es que, por ahora, es totalmente esencial que el orden sea restaurado. Pero cualquier día me levantaré —pronto— y me lanzaré a la lucha por la libertad, yo solo. No, no soy fascista ni bolchevique; soy un solitario”.

En entrevista concedida a Lorenzo Giusso:

“La barbarie es unánime. Es el régimen de terror por las dos partes. España está asustada de sí misma, horrorizada. Ha brotado la lepra católica y anticatólica. Aúllan y piden sangre los hunos y los hotros. Y aquí está mi pobre España, se está desangrando, arruinando, envenenando y entonteciendo...”


lunes, 17 de octubre de 2016

LLÉVATE MIS AMORES****

Director: Arturo González Villaseñor. Guión: Arturo González Villaseñor.  Productoras: Acanto Films, Pimienta Films, UAM-X. Fotografía: Juan Antonio Mecalco Cruz. Música: Muna Zul. Producción: Indira Cato. Edición: Lucrecia Gutiérrez Maupomé. Sonido: Rodrigo Villanueva Sánchez, Lena Esquenazi. Año: 2014. Duración: 90 min. País: México. Premio: Festival Internacional de Cine de Los Cabos, IDFA

Delicado documental de Arturo González Villaseñor, un retrato íntimo de las mujeres veracruzanas “Las Patronas”, que se enfrentan a diario el rugido del tren de mercancías cargado de emigrantes “La Bestia”. Desde 1995 estas mujeres preparan comida todos los días y la lanzan a los emigrantes que viajan sobre el tren rumbo a Estados Unidos. Un diario personal y cercano a cada retrato y a cada vida que traza la frontera entre la vida que toca vivir y la vida que se elige; un conmovedor, valiente y deslumbrante ejemplo de amor y solidaridad que contrasta con la violencia y los riesgos que viven las personas que viajan sobre el tren.


Ópera prima del cineasta mexicano Arturo González Villaseñor (Ciudad de México, 1985), le llevó cuatro años de factura y se puso en marcha el día en que Arturo conoció junto con un grupo de amigos –con los que buscaba fundar una radio comunitaria en la zona- a las mujeres que se sitúan al costado del tren “La Bestia”, para tirar al paso rápido del vehículo bolsas con agua y alimentos a los emigrantes que van rumbo a los Estados Unidos.


“En gran parte es un retrato de lo que ocurre en los pueblos mexicanos hoy en día: el abandono al campo, la explotación obrera/campesina representada por el esposo de una de ellas, José Luis, quien nos cuenta que trabaja doce horas al día y que aun así no le alcanza para mantener a su familia y tiene que vivir endeudado”, comenta Villaseñor.


Las pocas oportunidades que tienen las más jóvenes para ingresar en una universidad; la dificultad añadida por la baja calidad del nivel medio superior, que les impide hacer un buen examen. Muchos jóvenes optan por el ejército, la marina, dedicarse al campo o trabajar como obreros con sueldos miserables y una explotación devastadora. También retrata el machismo y el maltrato por parte de algunos hombres. Para ellos, al llegar del trabajo termina su día laboral, pero para las mujeres esto nunca termina. Y finalmente, refleja la conexión tan inmensa que tienen con la naturaleza, mujeres que dependen completamente de ella para su sustento y el de su familia, y que lo poco que tienen lo estiran para que llegue diariamente a los que pasan hacia la frontera de Estados Unidos.

Hace 18 años este grupo de mujeres de distintas edades, habitantes del poblado Guadalupe La Patrona, comenzó a preparar comida diariamente para los emigrantes a bordo de La Bestia. Pensaron cómo ayudar de la mejor manera a cientos de hombres en busca de una vida mejor, que implica arriesgar su vida y pasar por situaciones inhumanas y degradantes en el tren que pasa diariamente trasportándolos. Llévate mis amores nos recuerda que tendríamos que volver a ser verdaderamente humanos.



Villaseñor elabora una narración y un poema visual con delicadeza casi artesanal y con atmósferas casi pintadas a mano: retratos humanos de mujeres que se levantan con el sol para preparar comida en grandes ollas colocadas sobre leña, dando vueltas al arroz, revolviendo con el cucharón de madera los frijoles y los totopos que, de pronto, trasmiten la idea de que incluso podemos ser amados por alguien que ni siquiera nos conoce. Estas son las mujeres que han establecido la sencilla pero apabullante dinámica de arrojarles comida a emigrantes que no conocen, en bolsas de plástico, acompañadas de botellas de agua. Una labor que nadie paga.

Y aquí están los rostros humanos, personas reales, mexicanos y centroamericanos, que tras agarrar la bolsa con comida de Las Patronas, emiten un grito que se disuelve en las vías, en el tiempo y en el espacio, diciendo “gracias”.


jueves, 13 de octubre de 2016

FUEGO EN EL MAR/ FUOCOAMMARE****

Título original: Fuocoammare. Director: Gianfranco Rosi. Guión: Gianfranco Rosi. Intérpretes: Actores no profesionales. Fotografía: Gianfranco Rosi. Producción: Coproducción Italia-Francia; Stemal Entertainment / 21 Unofilm / Cinecittà Luce / Rai Cinema / Les Films d'Ici / Arte France Cinéma. País: Italia, Francia. Año: 2015. Duración: 110 min. Género: Documental, inmigración. Público: Todos.

Gianfranco Rosi (Sacro GRA) dirige este documental centrado en el drama de los refugiados que llegan a la isla siciliana de Lampedusa, toda una metáfora de los sueños, esperanzas y desgracias de miles de emigrantes. 



El punto más meridional de Italia se ha convertido desde los años 90 en un importante punto de desembarco de inmigrantes ilegales procedentes de tierras africanas y oriente medio. En estos veinte años han muertos más de veinte mil personas, ahogadas en sus costas mientras trataban de alcanzar Europa, para así encontrar un refugio que los aleje de la guerra y el hambre. Samuel vive en la isla, tiene 12 años, va a la escuela, le gusta tirar con la honda e ir de caza. Le gustan los juegos de tierra, pese a que todo a su alrededor habla del mar y de los hombres, mujeres y niños que intentan cruzarlo para llegar allí. 



Gianfranco Rosi escribe y dirige este documental, un relato cercano, dado que pasó varios meses viviendo en la isla mediterránea, grabando la historia, la cultura y la realidad cotidiana de un total de aproximadamente 6.000 personas que actualmente forman parte de la población local. Fuocoammare sigue la estela de Taxi Teherán, 2015 el drama iraní protagonizada y dirigida por Jafar Panahi.  Este documental se adentra en el drama de aquellas personas que arriesgan sus vidas para llegar a esa soñada Europa. Se han cumplido las previsiones de la crítica, que destacaban este comprometido proyecto como uno de los trabajos más notables de una edición de la Berlinale llena de claroscuros en la que pocos títulos han conseguido destacar. Rosi sigue sumando premios a una carrera brillante, este Oso de Oro se une al León de Oro de Venecia que logró por Sacro GRA en 2013.


Un poema imaginativo e impactante de uno de los fenómenos que avergüenzan a Europa, abordado sin debate, sin confusiones semánticas entre 'inmigrante' y 'refugiado’. Rosi se acerca al epicentro del drama migratorio desde la zozobra y la melancólica contemplación, para mostrar el drama como es. Se ha acercado al funcionamiento orgánico de una comunidad isleña y, sobre todo, ha conseguido trascender la tozuda frialdad de las cifras para comprender la constricción y perplejidad entre la cotidianidad de los lugareños y  la tragedia de los recién llegados.

Las secuencias desgarradoras de las operaciones de rescate son un dramático e impactante documental de observación llena de humanidad en primera línea de la crisis de los refugiados. Logramos conocer a fondo cómo se distribuyen los míseros “pasajes” de las vulnerables embarcaciones cargadas de seres humanos. Los que han pagado 1500 dolares, o los de 1000 dolares…y así distribuyéndose en pisos, hasta sumar más de 250 personas. Las voces de los guardias de costa “Vuestra posición, amigo”, las contestaciones llenas de miedo, angustia y desprotección. Cómo llegan a las costas italianas (como a tantas costas del mundo) encadenados, atados, hacinados, intoxicados con el humo del motor, golpeados y humillados. Así es la travesía de miles de personas hacia Europa en las bodegas de la muerte.



El relato es aún más sobrecogedor porque sabemos que hasta la fecha, y según los datos de ACNUR, han sido rescatados 303.049 personas y 3.521 han muerto. Aunque sólo se cuentan aquellos cuyo cuerpo aparece. Muchos mueren en el intento y son arrojados al agua. Otros cuerpos son amontonados en las barcas a la espera del rescate. Da igual si son hombres, mujeres o niños. Han sobrevivido al letal paso por el desierto, que hizo su criba sobre las dunas, y ya no se detienen ante el mar, aunque sea la primera vez que lo ven.
También sabemos que los traficantes esperan, con miles de personas en las playas, a que haya un día sin viento y con pocas olas. Cuando llega, aún de noche, embarcan a la vez a miles de inmigrantes y refugiados. Lo hacen a palos, armados con gomas de butano para arrearles como ganado. Al fondo, el resplandor de las grandes plataformas petrolíferas ilumina el horizonte. "Esas luces son Italia. Están a cinco horas de distancia. Dirigíos allí". La mentira calma a los viajeros.



Escogen a uno de ellos que hable inglés, en cada uno de los barcos, y le dan un teléfono satélite con un número memorizado: el del centro de coordinación de salvamentos de Roma. "Espera cinco horas de viaje y luego llama. Di que os estáis hundiendo". Ese, el que se presta a hacer la llamada, viajará gratis. Muchos morirán en el intento sin marcar ese número porque no superan las primeras grandes olas de alta mar. Luego sus cuerpos aparecen sobre la arena de las playas.

Fuocoammare acaba de recibir justamente en el 2016 Festival de Berlín el Oso de Oro (Mejor largometraje) y en 2015 Premios David di Donatello:  4 nominaciones  incluyendo mejor película y director. Fue presentada en la Sección Perlas del 64 Festival de Cine de San Sebastian.